El cambio climático dejó de ser una proyección futura para convertirse en una realidad tangible en la caficultura colombiana. Las recientes condiciones climáticas asociadas al fenómeno de El Niño, caracterizadas por el aumento de la temperatura, la reducción de las lluvias y el incremento del déficit hídrico, están generando impactos directos en la productividad, la sanidad y la calidad del café.
De acuerdo con el Boletín Agrometeorológico Cafetero de Cenicafé (Edición El Niño 2026), se prevé un escenario de condiciones cálidas intensificadas entre junio y diciembre, con posibles efectos más marcados hacia finales del año. Este contexto climático altera de forma significativa los procesos fisiológicos del cultivo, afectando desde la floración hasta la cosecha.
Impacto en la floración y desarrollo del cultivo
Uno de los efectos más críticos se observa en la floración del café. Las altas temperaturas, especialmente por encima de los 26°C, reducen la actividad fotosintética debido al cierre estomático de la planta, lo que limita su capacidad de desarrollo. A esto se suma la aparición de atrofias florales, secamiento de flores y golpe de sol, factores que disminuyen el potencial productivo del cultivo.
El estrés hídrico, resultado de la disminución de las lluvias, también afecta el amarre y desarrollo del fruto, generando granos vanos, llenado incompleto y defectos físicos que impactan directamente la calidad final del café.
Aumento de la broca y presión de plagas
El incremento de la temperatura crea condiciones favorables para la proliferación de plagas, especialmente la broca del café. Según Cenicafé, actualmente existen más de 76.000 hectáreas con alta vulnerabilidad y más de 340.000 con vulnerabilidad moderada frente a esta plaga en escenarios asociados a El Niño.
Las condiciones cálidas aceleran el ciclo biológico de la broca, aumentando su tasa de reproducción y supervivencia. Esto se traduce en una mayor presión sobre los cultivos, incrementando la infestación y elevando el riesgo de pérdidas productivas y económicas.
Además de la broca, otras plagas como el minador de la hoja y la arañita roja también encuentran condiciones favorables en escenarios de sequía y altas temperaturas, lo que obliga a intensificar el monitoreo y el manejo fitosanitario.
Efectos en la cosecha y calidad del café
El impacto del clima no se limita al campo, sino que se extiende a la cosecha y poscosecha. Entre los principales efectos se destacan:
- Mayor presencia de frutos secos en el árbol
- Incremento de granos defectuosos (negros, brocados, vinagres)
- Menor contenido de mucílago
- Mayor riesgo de fermentaciones no controladas
- Sobresecado del grano
Estos factores afectan la calidad física y sensorial del café, reduciendo su valor comercial y limitando su competitividad en mercados especializados.
Adaptación: un factor clave para la sostenibilidad
Frente a este escenario, la adaptación se convierte en una necesidad estratégica para la caficultura. Cenicafé recomienda prácticas como:
- Implementación de sistemas de sombrío
- Conservación de humedad en el suelo
- Manejo adecuado de arvenses
- Monitoreo constante de plagas
- Optimización de los procesos de cosecha y poscosecha
Estas medidas buscan mitigar el impacto del clima y mantener la productividad en un entorno cada vez más variable.
Un nuevo escenario para la caficultura
El cambio climático está redefiniendo las condiciones de producción del café en Colombia. La combinación de altas temperaturas, menor disponibilidad hídrica y mayor presión de plagas configura un escenario de mayor complejidad para los productores.
Más que un evento aislado, se trata de una tendencia que exige ajustes técnicos, agronómicos y estratégicos en toda la cadena productiva. La capacidad de adaptación será determinante para sostener la calidad, la productividad y la competitividad del café colombiano en los próximos años.











